☕ Carmen y 12 horas maltratada.


“Me levanté, me maquillé y me fui al instituto. Ya desde el primer momento que me bajé del coche, noté que la gente me miraba desde todos los lados. Realmente lo pasé mal. Me sentía observada, de una manera muy incómoda. 


Me llamó mucho la atención que al llevar la cara golpeada, la gente no te miraba con lástima o empatía. La gente miraba con mucha curiosidad y hasta con risa. Creo que esa mañana suscité muchos comentarios graciosos.

Llegué a clase tarde, a propósito, para no encontrar a mucha gente por los pasillos. Entré con la cabeza agachada, intentando tapar los moratones con el pelo, pero nada más entrar, toda la clase se me quedó mirando fijamente. De hecho, una de las mayores se me quedó mirando y resoplando un “madre mía, pobre...”. Todo el mundo cuchicheaba, pero me sorprendió que nadie vino a preguntarme qué me había pasado. 

Salimos al recreo, a fumar un cigarro en el patio, y toda la gente con la que me cruzaba en los pasillos me señalaba... “mira esa...mira esa...”. Cuando volví, había incluso más curiosos y curiosas en el pasillo... “mira esa... ahí viene”. Nos tocaba la clase de Intervención con Familias, justo una asignatura que se centra en identificar el maltrato y prevenirlo. La profesora sólo se me quedó mirando cuando pasó lista, pero no me preguntó nada ni al principio ni al final de clase. Me llamó mucho la atención que siendo una profesora especializada en detección y prevención del maltrato no me hubiese preguntado qué me pasaba, pues era obvio.
Sólo una profesora me preguntó qué me pasaba, que yo estaba muy triste y apática. Contesté con evasivas. De repente, una compañera que se sienta delante de clase se dio la vuelta y me preguntó:

- ¡Vaya! ¿Qué te pasó en la cara?
- Nada... me caí en la bañera...

Se dio la vuelta, pero noté en su cara que no mi contestación no fue convincente.
Llegó la hora de ir a casa a comer, y fui a hacer la compra. Por la calle la reacción de la gente igual o pero que en el instituto... “mira esa...mira esa”.

Por la tarde volví al instituto, esta vez con gafas de sol, aunque no sirvió de nada. La gente en los pasillos me señalaba y decía “es esta, es esta...pero por la mañana no traía las gafas...” Y yo estaba al lado y oía todo. En clase la profesora me obligó a quitarme las gafas de sol. Intenté tapar los moratones de la cara como pude, pero todos los intentos eran en vano. Fue muy difícil aguantar el tipo hasta la hora de acabar las clases. 
Y llegó la hora de volver a casa. A las 10 de la noche ya no pude más...”

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Esta experiencia de un día cualquiera sería la de una mujer que lleva 4 años casada. Al principio, su marido era atento, detallista y cariñoso. Poco después de casarse, su marido empezó a cambiar radicalmente. Se volvió violento, celoso y posesivo, pues tiene problemas en el trabajo y a raíz de eso tiene problemas con el alcohol. Cuando tiene un mal día o ataques de ira, maltrata a su mujer.



Carmen estudia un FP de Educación Infantil. Para una asignatura tuvo que hacer este trabajo de role playing y decidió ponerse en la piel de una mujer maltratada durante un día. El trabajo consistía en intentar ser durante 24 hor una persona que no se comprenda, con la que no se compartan ni valores ni creencias ni estilos de vida.

Para prepararlo, investigó el perfil de mujer maltratada, el perfil de maltratador, los rasgos comunes que inducen al maltrato y los factores de riesgo que llevarían a una mujer a esta situación. Con este material decidió crear este personaje y esta historia. Decidió llevar a cabo esta experiencia entre semana, un miércoles, pues tiene clase durante todo el día.

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la mini entrevista
 
Costoya: Antes de nada decir que ¡bravo!, por haberlo hecho y por haber aguantado tantas horas, nada menos que 12 horas... ¿por qué te decidiste por una mujer maltrada exactamente?

Carmen: Elegí una mujer maltratada porque me cuesta mucho comprender cómo una persona se puede dejar maltratar y dejar que esa situación llegue tan lejos. Sí eres una persona adulta y lo permites, es tu decisión. Pero si vas a traer al mundo una criatura, a un hogar que está roto por la violencia, pues eso que no lo entiendo ni lo entendería.
 
Costoya: ¿Cómo fue el momento en que te quitaste el maquillaje y el personaje?

Carmen: Pues fue muy curioso. Cuando me desmaquillé, me reí. Tenía muchas ganas de reírme y, después de estar todo el día amargada en ese drama personal, ¡volví a ser yo misma de nuevo!.

Costoya: ¿Cómo dirías que te cambió la experiencia?

Carmen: No pensé que este ejercicio me hiciera pensar tanto. Fue algo muy difícil. No es que ahora llegue a comprender a una mujer maltratada, pero sí entiendo que hay una serie de circunstancias que pueden hacer que una mujer maltratada acepte esta situación. Igual tuviste una vida difícil que te hizo ser una persona insegura y con baja autoestima y de repente conoces a una persona que te lo da todo y cambia, pero te lo dio todo... no sé, teniendo en cuenta cómo actuó la gente cuando me veía, entiendo que esta mujer maltratada sienta que la única persona que la apoya, que la quiere y que está con ella es la persona que la castiga cuando tiene un mal día.

Costoya: En fin, este es un tema que hay que coger con pinza. Pero hablando de la gente, ¿Qué opinas de su reacción al verte pasar?

Carmen: Ver a una persona así y lo único que hacía la gente era mirarme, cotillear y reírse, y ver sin embargo que nadie me preguntaba si estaba bien, o si necesitaba algo... pues te hace pensar que igual pasamos todos por la vida de una manera muy frívola y muy superficial.

Costoya: Buena reflexión. Y por cierto, aparte de este personaje, ¿qué otros perfiles que no comprendes pensaste para este trabajo?

Carmen: En lo más extremo: un violador, un pederasta, un maltratador.... pero no eran realizables y desde luego no me apetecía meterme en la cabeza de una persona de esas. También pensé en ponerme en el lugar de una musulmana, pero eso ya lo hicieron dos de mi clase. Uno que descarté pero que me se hacía muy cuesta arriba era el de ser un mendigo y pedir en un portal, y quizás me metía en problemas.

Costoya: Y ya que hablaste de tus compañeras de clase, ¿qué otros role playing hicieron para el trabajo?

Carmen: No sé si la gente entendió bien el trabajo pero bueno... una que fue de choni y otra fue de pija, otra quiso hacer de beata y fue a misa pero desistió al medio día, otra fue de gótica, otra de Ylenia de Gandía Shore, dos fueron de musulmanas como ya dije, otra se visitó de princesa con un vestido de lentejuelas y se maquillaba en clase y se sacaba fotos, y había una que hacía de ciega.

Costoya: Desde luego tu personaje es uno de los más difíciles de llevar a cabo, más que nada lo digo en el sentido de la carga psicológica que conlleva, aunque lo de los moratones también lo hacen muy llamativo para la gente, en el mal sentido claro, como pudiste comprobar. ¿Qué conclusión sacas de esta experiencia?

Carmen: Me parece un ejercicio muy interesante que todo el mundo debería hacer al menos una vez en la vida. Realmente te hace pensar muchísimo, y te hace ver que hay más formas de pensar, de vivir, de sentir que la tuya. No siempre las cosas son todo lo que vemos, ni todo lo que podemos llegar a imaginar.

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